Wednesday, December 31, 2008
Enamorarse es el último acto de revolución, de resistencia al tedio del socialmente restrictivo, culturalmente constrictivo, y patentemente ridículo mundo en el que vivimos hoy día.
El amor transforma el mundo. Donde el amante antes sentía aburrimiento, ahora siente pasión. Donde antes solo había complacencia, ahora hay emoción y el deseo por cambiar las cosas. El mundo que un día se vio vacio y aburrido, se llena de significado, lleno de riesgos y recompensas, de maravillas y peligros. La vida para el amante es un regalo, una aventura con los más increíbles momentos; cada momento es memorable y estremecedor, cada pequeño, hermoso y efímero momento. Cuando una persona se enamora, esa persona que una vez se sintió desorientada, alienada, y confundida finalmente sabe exactamente qué es lo que quiere. Repentinamente su existencia cobra sentido; se vuelve valiosa, incluso gloriosa y noble. La pasión ardiente es un antídoto que cura los peores casos de desamparo y resignación.
El amor hace posible que individuos se conecten con otros de una manera única – los convoca a dejar sus corazas y arriesgarse a ser honestos y espontáneos JUNTOS, a conocerse profundamente. El amor hace posible que nos preocupemos, que cuidemos unos de otros genuinamente. Al mismo tiempo saca al amante de su vida rutinaria y lo separa de otros seres humanos. Lo hace sentir a miles de kilómetros de toda la humanidad, viviendo en un mundo totalmente distinto.
En este sentido el amor es subversivo, es una amenaza al orden establecido en la sociedad moderna. Los aburridos rituales de productividad, de trabajo, y etiqueta social no significan nada para alguien que se ha enamorado, pues hay fuerzas más importantes guiándolo más que la mera inercia y la deferencia a la tradición, a lo habitual. Estrategias de mercado que dependen de la apatía o la inseguridad no tienen efecto en el.
Entretenimiento diseñado para la consumición pasiva, que depende de la exhaución o el cinismo, no le causa interés alguno. Sabe que entrar a un edificio abandonado y hacer el amor, resulta en una noche más memorable que ver televisión. Así tal es el amor que es una amenaza a nuestra economía consumista, que depende del consumo de largas cantidades de productos inútiles y el trabajo que hace que este consumo se perpetúe.
Similarmente el amor es una amenaza a nuestro sistema político, pues es más difícil convencer a un hombre que tiene mucho por que vivir en su relación personal para que esté dispuesto a luchar y morir por una simple abstracción como viene siendo el estado. También es una amenaza para todas las culturas, porque cuando dos seres humanos son iluminados y envalentonados por el verdadero amor, no hay tradición, costumbre o regla ridícula que sea relevante para los sentimientos que los mantienen unidos.
El amor es incluso una amenaza para nuestra propia sociedad. El amor apasionado es ignorado y temido por la burguesía, pues representa un gran peligro hacia la estabilidad y pretensiones que ellos predican. El amor no admite mentiras, ni falsedades, ni siquiera medias verdades, o mentirillas blancas, pues muestra todas las emociones tal cuales son y revelan secretos que los hombres y mujeres domesticados no pueden tolerar. No puedes mentir con tus respuestas emocionales y sexuales; las situaciones te emocionan o te repugnan, te agradan o no, punto, sin medias tintas. Uno no puede ser un amante y un terriblemente responsable, un terriblemente respetable miembro de nuestra sociedad al mismo tiempo, pues el amor convoca a hacer cosas que no son “responsables” o “respetables”. El verdadero amor es irresponsable, irreprensible, rebelde, audaz, valiente, un peligro para el amante y para quien le rodea, pues solo sirve a un solo amo: la pasión que hace que el corazón lata más rápido. Desdeña todo lo demás, ya sea la auto-preservación, el deber, o la vergüenza. El amor incita a los hombres y mujeres al heroísmo, y al anti-heroísmo – a defender a la persona amada a pesar de que esta no necesita ser defendida.
Bien pues, el amante habla un idioma moral y emocional distinto que el del hombre común. El hombre común no tiene deseos irreprimibles. Tristemente, todo lo que conoce es la silenciosa tristeza que viene de pasar su vida persiguiendo metas que fueron programadas para él, por su familia, sus maestros, sus jefes, su nación y su cultura sin haber sido capaz de considerar lo que necesita o lo que realmente tiene. Sin la pasión ardiente del deseo para guiarle, no tiene criterio para escoger entre lo que está bien o mal para él. Consecuentemente es forzado a adoptar algún dogma o doctrina para que este rija su vida. Cuantos hombres y mujeres, jamás se han dado cuenta de que tienen la opción de escoger sus propios destinos, de no tener que vagar por la vida pensando y actuando en conforme a reglas que les han enseñado, simplemente porque no tienen idea de qué hacer? Pues el amante no necesita principios prefabricados para dirigirle, sus deseos identifican lo que es bueno y malo para él, y su corazón guía su vida. Ve la belleza en el mundo, porque desea ver el mundo a colores en lugar de verle gris. No tiene necesidad de dogmas o sistemas morales, de mandamientos u órdenes, porque sabe lo que debe hacer sin ninguna instrucción.
Y es entonces cuando el amante se convierte en una amenaza a nuestra sociedad. Que si todo mundo decidiera lo que es bueno o malo por ellos mismos, sin ningún arrepentimiento o alguna convencionalidad moral? Que si todo mundo hiciera lo que quisiera, con el coraje de afrontar las consecuencias sin importar cuán funestas estas fueran? Que si todo el mundo temiera la inanimada y tan vacía monotonía más que temer el tomar riesgos, más de lo que temen estar hambrientos o fríos o en peligro? Que si todo mundo se deshiciese de sus “responsabilidades” de su “sentido común”, y se atreviera a perseguir sus mas locos sueños, romper marcas y vivir todos los días de su vida como si fuese el ultimo? Piensa como seria el mundo. Ciertamente sería muy distinto de cómo es ahora –y es una verdad enorme que la gente común, aquellos que se encargan de mantener y ser víctimas del status quo, temen el cambio.
Aun así, a pesar de las imágenes estereotipadas usadas en los medios para vender pasta de dientes o paquetes de luna de miel, el amor genuino y apasionado es constantemente desalentado en nuestra cultura. El “dejarte llevar por las emociones” es mal visto; en su lugar siempre estamos en guardia, por miedo a que nuestros corazones nos guíen a la perdición. En lugar de ser alentados a tener el valor de afrontar las consecuencias de los riesgos tomados en la persecución de nuestros deseos, somos aconsejados a no tomar riesgo alguno, a ser “responsables”. Y así el amor es regulado. Un hombre no debe enamorarse de otro hombre, ni una mujer de otra mujer, ni dos personas de diferentes ambientes étnicos, o lo que digan los fanáticos que forman la primera línea de ofensiva en el cumplimento de la decencia en la cultura moderna. Hombres y mujeres que entran en un contrato legal y/o religioso no pueden enamorarse de nadie más, incluso si ya no sienten pasión alguna por sus compañeros maritales. El amor tal y como lo conocemos ahora no es sino un cuidadosamente pre-escrito y pre-ordenado ritual, algo que sucede las noches del viernes en cines y restaurants, algo que llena los bolsillos de empresarios de la industria del entretenimiento sin evitar que los trabajadores aparezcan a tiempo en la oficina listos para contestar, transferir o reenrutar llamadas todo el santo día. Este regulado y comercial “amor” no es nada similar al fuego que consume al amante genuino. Restricciones, expectativas y regulaciones destrozan al verdadero amor; porque el amor es una flor salvaje que no puede crecer dentro de los confines preparados para él, sino que aparece donde menos se le imagina.
Debemos luchar en contra de estas restricciones culturales que pueden atrofiar o destrozar nuestros deseos. Porque es el amor el que le da significado a la vida, el deseo el que nos hace posible el tener sentido de nuestra existencia y encontrar el propósito de nuestras vidas. Sin estos no hay manera de determinar cómo vivir nuestras vidas, a excepción de someterse a alguna clase de autoridad, amo o doctrina que nos diga que hacer y cómo hacerlo. Así que enamórate hoy, de algún hombre, alguna mujer, de la música, de tus ambiciones, de ti y primordialmente de la vida.
Ya sé que puede sonar ridículo el pedirle a otras personas que se enamoren, uno se enamora o no, no es una decisión que pueda ser hecha conscientemente. Las emociones no siguen las indicaciones de la mente racional. Y el ambiente en el que vivimos tiene una gran influencia en nuestras emociones, y podemos hacer decisiones que afecten este ambiente. Es posible trabajar para cambiar un ambiente que es hostil con el amor en uno que lo anime, que lo aliente. Nuestra tarea debe ser trabajar en un mundo en el que las personas puedan enamorarse, y así redefinir la imagen del ser humano para que podamos ser capaces de encontrar substancia y felicidad en nuestras vidas.
Feliz inicio de año.
Rock on!
El amor transforma el mundo. Donde el amante antes sentía aburrimiento, ahora siente pasión. Donde antes solo había complacencia, ahora hay emoción y el deseo por cambiar las cosas. El mundo que un día se vio vacio y aburrido, se llena de significado, lleno de riesgos y recompensas, de maravillas y peligros. La vida para el amante es un regalo, una aventura con los más increíbles momentos; cada momento es memorable y estremecedor, cada pequeño, hermoso y efímero momento. Cuando una persona se enamora, esa persona que una vez se sintió desorientada, alienada, y confundida finalmente sabe exactamente qué es lo que quiere. Repentinamente su existencia cobra sentido; se vuelve valiosa, incluso gloriosa y noble. La pasión ardiente es un antídoto que cura los peores casos de desamparo y resignación.
El amor hace posible que individuos se conecten con otros de una manera única – los convoca a dejar sus corazas y arriesgarse a ser honestos y espontáneos JUNTOS, a conocerse profundamente. El amor hace posible que nos preocupemos, que cuidemos unos de otros genuinamente. Al mismo tiempo saca al amante de su vida rutinaria y lo separa de otros seres humanos. Lo hace sentir a miles de kilómetros de toda la humanidad, viviendo en un mundo totalmente distinto.
En este sentido el amor es subversivo, es una amenaza al orden establecido en la sociedad moderna. Los aburridos rituales de productividad, de trabajo, y etiqueta social no significan nada para alguien que se ha enamorado, pues hay fuerzas más importantes guiándolo más que la mera inercia y la deferencia a la tradición, a lo habitual. Estrategias de mercado que dependen de la apatía o la inseguridad no tienen efecto en el.
Entretenimiento diseñado para la consumición pasiva, que depende de la exhaución o el cinismo, no le causa interés alguno. Sabe que entrar a un edificio abandonado y hacer el amor, resulta en una noche más memorable que ver televisión. Así tal es el amor que es una amenaza a nuestra economía consumista, que depende del consumo de largas cantidades de productos inútiles y el trabajo que hace que este consumo se perpetúe.
Similarmente el amor es una amenaza a nuestro sistema político, pues es más difícil convencer a un hombre que tiene mucho por que vivir en su relación personal para que esté dispuesto a luchar y morir por una simple abstracción como viene siendo el estado. También es una amenaza para todas las culturas, porque cuando dos seres humanos son iluminados y envalentonados por el verdadero amor, no hay tradición, costumbre o regla ridícula que sea relevante para los sentimientos que los mantienen unidos.
El amor es incluso una amenaza para nuestra propia sociedad. El amor apasionado es ignorado y temido por la burguesía, pues representa un gran peligro hacia la estabilidad y pretensiones que ellos predican. El amor no admite mentiras, ni falsedades, ni siquiera medias verdades, o mentirillas blancas, pues muestra todas las emociones tal cuales son y revelan secretos que los hombres y mujeres domesticados no pueden tolerar. No puedes mentir con tus respuestas emocionales y sexuales; las situaciones te emocionan o te repugnan, te agradan o no, punto, sin medias tintas. Uno no puede ser un amante y un terriblemente responsable, un terriblemente respetable miembro de nuestra sociedad al mismo tiempo, pues el amor convoca a hacer cosas que no son “responsables” o “respetables”. El verdadero amor es irresponsable, irreprensible, rebelde, audaz, valiente, un peligro para el amante y para quien le rodea, pues solo sirve a un solo amo: la pasión que hace que el corazón lata más rápido. Desdeña todo lo demás, ya sea la auto-preservación, el deber, o la vergüenza. El amor incita a los hombres y mujeres al heroísmo, y al anti-heroísmo – a defender a la persona amada a pesar de que esta no necesita ser defendida.
Bien pues, el amante habla un idioma moral y emocional distinto que el del hombre común. El hombre común no tiene deseos irreprimibles. Tristemente, todo lo que conoce es la silenciosa tristeza que viene de pasar su vida persiguiendo metas que fueron programadas para él, por su familia, sus maestros, sus jefes, su nación y su cultura sin haber sido capaz de considerar lo que necesita o lo que realmente tiene. Sin la pasión ardiente del deseo para guiarle, no tiene criterio para escoger entre lo que está bien o mal para él. Consecuentemente es forzado a adoptar algún dogma o doctrina para que este rija su vida. Cuantos hombres y mujeres, jamás se han dado cuenta de que tienen la opción de escoger sus propios destinos, de no tener que vagar por la vida pensando y actuando en conforme a reglas que les han enseñado, simplemente porque no tienen idea de qué hacer? Pues el amante no necesita principios prefabricados para dirigirle, sus deseos identifican lo que es bueno y malo para él, y su corazón guía su vida. Ve la belleza en el mundo, porque desea ver el mundo a colores en lugar de verle gris. No tiene necesidad de dogmas o sistemas morales, de mandamientos u órdenes, porque sabe lo que debe hacer sin ninguna instrucción.
Y es entonces cuando el amante se convierte en una amenaza a nuestra sociedad. Que si todo mundo decidiera lo que es bueno o malo por ellos mismos, sin ningún arrepentimiento o alguna convencionalidad moral? Que si todo mundo hiciera lo que quisiera, con el coraje de afrontar las consecuencias sin importar cuán funestas estas fueran? Que si todo el mundo temiera la inanimada y tan vacía monotonía más que temer el tomar riesgos, más de lo que temen estar hambrientos o fríos o en peligro? Que si todo mundo se deshiciese de sus “responsabilidades” de su “sentido común”, y se atreviera a perseguir sus mas locos sueños, romper marcas y vivir todos los días de su vida como si fuese el ultimo? Piensa como seria el mundo. Ciertamente sería muy distinto de cómo es ahora –y es una verdad enorme que la gente común, aquellos que se encargan de mantener y ser víctimas del status quo, temen el cambio.
Aun así, a pesar de las imágenes estereotipadas usadas en los medios para vender pasta de dientes o paquetes de luna de miel, el amor genuino y apasionado es constantemente desalentado en nuestra cultura. El “dejarte llevar por las emociones” es mal visto; en su lugar siempre estamos en guardia, por miedo a que nuestros corazones nos guíen a la perdición. En lugar de ser alentados a tener el valor de afrontar las consecuencias de los riesgos tomados en la persecución de nuestros deseos, somos aconsejados a no tomar riesgo alguno, a ser “responsables”. Y así el amor es regulado. Un hombre no debe enamorarse de otro hombre, ni una mujer de otra mujer, ni dos personas de diferentes ambientes étnicos, o lo que digan los fanáticos que forman la primera línea de ofensiva en el cumplimento de la decencia en la cultura moderna. Hombres y mujeres que entran en un contrato legal y/o religioso no pueden enamorarse de nadie más, incluso si ya no sienten pasión alguna por sus compañeros maritales. El amor tal y como lo conocemos ahora no es sino un cuidadosamente pre-escrito y pre-ordenado ritual, algo que sucede las noches del viernes en cines y restaurants, algo que llena los bolsillos de empresarios de la industria del entretenimiento sin evitar que los trabajadores aparezcan a tiempo en la oficina listos para contestar, transferir o reenrutar llamadas todo el santo día. Este regulado y comercial “amor” no es nada similar al fuego que consume al amante genuino. Restricciones, expectativas y regulaciones destrozan al verdadero amor; porque el amor es una flor salvaje que no puede crecer dentro de los confines preparados para él, sino que aparece donde menos se le imagina.
Debemos luchar en contra de estas restricciones culturales que pueden atrofiar o destrozar nuestros deseos. Porque es el amor el que le da significado a la vida, el deseo el que nos hace posible el tener sentido de nuestra existencia y encontrar el propósito de nuestras vidas. Sin estos no hay manera de determinar cómo vivir nuestras vidas, a excepción de someterse a alguna clase de autoridad, amo o doctrina que nos diga que hacer y cómo hacerlo. Así que enamórate hoy, de algún hombre, alguna mujer, de la música, de tus ambiciones, de ti y primordialmente de la vida.
Ya sé que puede sonar ridículo el pedirle a otras personas que se enamoren, uno se enamora o no, no es una decisión que pueda ser hecha conscientemente. Las emociones no siguen las indicaciones de la mente racional. Y el ambiente en el que vivimos tiene una gran influencia en nuestras emociones, y podemos hacer decisiones que afecten este ambiente. Es posible trabajar para cambiar un ambiente que es hostil con el amor en uno que lo anime, que lo aliente. Nuestra tarea debe ser trabajar en un mundo en el que las personas puedan enamorarse, y así redefinir la imagen del ser humano para que podamos ser capaces de encontrar substancia y felicidad en nuestras vidas.
Feliz inicio de año.
Rock on!