Saturday, December 17, 2011
Sal con un chico que no lee. Que te lo presente una amiga, que sean compañeros de universidad. Sal con un chico que no lee, que mantenga sus amigos de los seis años, de los que van juntos a todos lados y se abren paso en los bares como una marea de peces. Sal con un chico que no lee, míralo a través de la cerveza, sonríele, y déjale que te convenza de que has encontrado, por fin, lo que buscabas. Conócelo, asiente tímidamente cuando te diga que eres la más guapa, baila pegada a él antes de ir a dormir.

Crea una rutina cómoda, la de los domingos al cine y los miércoles el partido de fútbol. Queda con sus amigos, deja que te incluyan en las bromas privadas y que te levanten por los aires. Elegid su bar e ir a las horas que se les espera, deja que te guiñe un ojo desde el otro lado de la barra, sonríe, créete feliz, enamorada, y no analices los detalles.Sal con un chico que no lee e ignora esa sensación al fondo del pecho que te punza de vez en cuando. Convéncete de nuevo de que las películas son sólo eso, películas.

Deja que el tiempo pase, crezcan, cambien, alejense y separense por un tiempo. Descubre lo sola que te sientes, llora por tu rutina perdida, nota las lágrimas en el café y llámalo. Reflexiona y acuerda una línea lógica de actuación. Recupera sin darte cuenta los domingos de cine y los miércoles de fútbol. Vayanse a vivir juntos, llenen la casa de películas, cuadros, mantas para el sofá, organiza cenas para tus amigos, que también son los de él y hagan todas esas cosas que la gente espera de ustedes.

No salgas con un chico que lee.

No salgas con un chico que lee porque siempre estará pensando en otra mujer. O en muchas. El chico que lee creará su imagen de ti en memoria a todas las que pasaron por sus manos, y sus ojos. Sal con un chico que no lee porque el que lee abofeteará tu realidad, y no te dejará agarrarte a lo previsible. El chico que lee te impulsará a descubrirte, y te enseñará que las cosas más fascinantes de la vida no tienen explicación.

El chico que lee sabrá hacerte cruzar la diferencia entre felicidad y comodidad, y te enseñará que el amor no siempre significa Amor. El chico que lee sabe desde hace tiempo que los buenos no son los que ganan, y que la acción última, el punto que pone fin a la historia, es lo de menos. Te lo repetirá, serio, cansado, hasta que entiendas que no se valora que el soldadito de plomo se arrojara al fuego por la bailarina, porque en realidad, a nadie le importa.

Sal con un chico que no lee porque el chico que lee te hará darte cuenta de que tu vida está de paso, que sólo permanecen las letras estampadas y las cruces de las tumbas, y que, por eso mismo, merece la pena ser vivida. El chico que lee nunca tendrá prisa, porque acepta el destino como Aquiles, Cicerón, y todos los héroes que no le dejaron ser; estoico, duro, quieto, peligroso.

Sal con un chico que no lee porque el chico que lee te abandonará cuando descubra que no eres ninguna de esas mujeres que él se imaginó. Que, como le ocurre a Philip Marlowe, el whisky le da mejor resultado que la chica.

Repost de sigo sin recordar dónde, lo encontre en la carpeta de mis documentos.
Wednesday, November 2, 2011
Notas mentales de un Médico | De amor y otras hierbas
Sunday, October 23, 2011

Verona.

Siete días tarde y sin sello de envío, un soliloquio en papel; que reza así: Romeo no murió de amor verdadero, simplemente probó la honestidad y dejó la amargura del afilado metal coqueteando con un corazón domado, atrapado en una jaula por la eternidad.

El conocía lo que yo conozco tan bien, el vivir en derrota, la completa definición de manos vacías. Y quién mejor que yo para conocer esa sensación que ese ciego bastardo, inconsciente de las verdaderas obstrucciones, tan inconsciente como el corazón en mi pecho.

Tal vez pudimos ser mejores amigos. Siendo los soñadores que somos, merecedores solo de una buena paliza propiciada por aquellas estrellas que nos empeñamos en alcanzar. Esas que los astrónomos llaman el "Cinturón de Orión", porque el "Nudo de Shakespeare" no hubiera sido de buen augurio para aquellos románticos dados a colgar sus sueños en las estrellas.

Y es en noches como estas, que puedo verlo claro, incluso puedo escucharlo el sonido del piano y el lento golpeteo de las notas en sincronía con mis pasos, esas dulces notas de violín que uno escucha cuando aquello que buscas se encuentra a la distancia de tus brazos, para ser concluido con el armonioso sonido de las percusiones cuando encuentras lo que buscabas en la curva de esos labios.

Demasiado perfecto para Hollywood, demasiado perfecto hasta para Verona.
Friday, October 14, 2011

The girl

No, I'm not playing this one for you...
Wednesday, October 12, 2011

Friday, September 16, 2011

Los derechos del lector.

Las conclusiones de Daniel Pennac quedaron plasmadas en su conocido decálogo.

Los Derechos imprescindibles del lector

1. El derecho a no leer.
2. El derecho a saltarnos las páginas.
3. El derecho a no terminar un libro.
4. El derecho a releer.
5. El derecho a leer cualquier cosa.
6. El derecho al bovarismo (enfermedad de transmisión textual).
7. El derecho a leer en cualquier sitio.
8. El derecho a hojear.
9. El derecho a leer en voz alta.
10. El derecho a callarnos.
Monday, August 22, 2011

Porqué?

- Porqué escribes como si el amor y el sexo fueran las únicas cosas que te hacen latir el corazón?
- Es porque lo has entendido todo mal pequeña, son las únicas cosas que hacen que se detenga.
Sunday, August 7, 2011

Te quiero entre mis dedos...



Tuesday, July 26, 2011

Oversized child.

Ahora con ustedes, algunas cosas sobre las que quiero poner mis manos.
Le podrían decir mi wishlist, de estos días que he pasado rebotando del trabajo a la sala de espera. Por cierto, hablando de salas de espera...



Pero vaya que el cuate este es buenísimo, me ha tenido muerto de la risa con el chiste de la sala de espera. :D

Ahora sí, les dejo mi wishlist.







Metas sencillitas, para alegrarme la vida. Mientras se hace lo que se puede, con lo que se tiene. :)
Tuesday, July 19, 2011

Heme aquí.

Heme aquí al borde del espacio y lejos de las circunstancias
Me voy tiernamente como una luz
Hacia el camino de las apariencias
Volveré a sentarme en las rodillas de mi padre
Una hermosa primavera refrescada por el abanico de las alas
Cuando los peces deshacen la cortina del mar
Y el vacío se hincha por una mirada posible

Volveré sobre las aguas del cielo

Me gusta viajar como el barco del ojo
Que va y viene en cada parpadeo
He tocado ya seis veces el umbral
Del infinito que encierra el viento

Nada en la vida
Salvo un grito de antesala
Nerviosas oceánicas qué desgracia nos persigue
En la urna de las flores impacientes
Se encuentran las emociones en ritmo definido


- Vicente Huidobro.
Monday, July 11, 2011

En revés.

Se debería empezar muriendo y así ese trauma quedaría superado.
Luego te despiertas en un Hogar de ancianos mejorando día a día.
Después te echan de la Residencia porque estás bien y lo primero que haces es cobrar tu pensión.
Luego, en tu primer día de trabajo te dan un reloj de oro.
Trabajas 40 años hasta que seas bastante joven como para disfrutar del retiro de la vida laboral.
Entonces vas de fiesta en fiesta, bebes, practicas el sexo, no tienes problemas graves y te preparas para empezar a estudiar.
Luego empiezas el cole, jugando con tus amigos, sin ningún tipo de obligación, hasta que seas bebé.
Y los últimos 9 meses te pasas flotando tranquilo, con calefacción central, roomservice, etc. etc..
Y al final… ¡Abandonas este mundo en un orgasmo!

- Quino
Sunday, July 10, 2011
Hace años que me doy cuenta y no me importa, pero nunca se me ocurrió escribirlo porque la idiotez me parece un tema muy desagradable, especialmente si es el idiota quien lo expone.
Puede que la palabra idiota sea demasiado rotunda, pero prefiero ponerla de entrada y calentita sobre el plato aunque los amigos la crean exagerada, en vez de emplear cualquier otra como tonto, lelo o retardado y que después los mismos amigos opinen que uno se ha quedado corto. En realidad no pasa nada grave pero ser idiota lo pone a uno completamente aparte, y aunque tiene sus cosas buenas es evidente que de a ratos hay como una nostalgia, un deseo de cruzar a la vereda de enfrente donde amigos y parientes están reunidos en una misma inteligencia y comprensión, y frotarse un poco contra ellos para sentir que no hay diferencia apreciable y que todo va benissimo. Lo triste es que todo va malissimo cuando uno es idiota, por ejemplo en el teatro, yo voy al teatro con mi mujer y algún amigo, hay un espectáculo de mimos checos o de bailarines tailandeses y es seguro que apenas empiece la función voy a encontrar que todo es una maravilla. Me divierto o me conmuevo enormemente, los diálogos o los gestos o las danzas me llegan como visiones sobrenaturales, aplaudo hasta romperme las manos y a veces me lloran los ojos o me río hasta el borde del pis, y en todo caso me alegro de vivir y de haber tenido la suerte de ir esa noche al teatro o al cine o a una exposición de cuadros, a cualquier sitio donde gentes extraordinarias están haciendo o mostrando cosas que jamás se habían imaginado antes, inventando un lugar de revelación y de encuentro, algo que lava de los momentos en que no ocurre nada más que lo que ocurre todo el tiempo.

Y así estoy deslumbrado y tan contento que cuando llega el intervalo me levanto entusiasmado y sigo aplaudiendo a los actores, y le digo a mi mujer que los mimos checos son una maravilla y que la escena en que el pescador echa el anzuelo y se ve avanzar un pez fosforecente a media altura es absolutamente inaudita. Mi mujer también se ha divertido y ha aplaudido, pero de pronto me doy cuenta (ese instante tiene algo de herida, de agujero ronco y húmedo) que su diversión y sus aplausos no han sido como los míos, y además casi siempre hay con nosotros algún amigo que también se ha divertido y ha aplaudido pero nunca como yo, y también me doy cuenta de que está diciendo con suma sensatez e inteligencia que el espectáculo es bonito y que los actores no son malos, pero que desde luego no hay gran originalidad en las ideas, sin contar que los colores de los trajes son mediocres y la puesta en escena bastante adocenada y cosas y cosas. Cuando mi mujer o mi amigo dicen eso --lo dicen amablemente, sin ninguna agresividad-- yo comprendo que soy idiota, pero lo malo es que uno se ha olvidado cada vez que lo maravilla algo que pasa, de modo que la caída repentina en la idiotez le llega como al corcho que se ha pasado años en el sótano acompañando al vino de la botella y de golpe plop y un tirón y no es mas que corcho. Me gustaría defender a los mimos checos o a los bailarines tailandeses, porque me han parecido admirables y he sido tan feliz con ellos que las palabras inteligentes y sensatas de mis amigos o de mi mujer me duelen como por debajo de las uñas, y eso que comprendo perfectamente cuánta razón tienen y cómo el espectáculo no ha de ser tan bueno como a mí me parecía (pero en realidad a mí no me parecía que fuese bueno ni malo ni nada, sencillamente estaba transportado por lo que ocurría como idiota que soy, y me bastaba para salirme y andar por ahí donde me gusta andar cada vez que puedo, y puedo tan poco). Y jamás se me ocurriría discutir con mi mujer o con mis amigos porque sé que tienen razón y que en realidad han hecho muy bien en no dejarse ganar por el entusiasmo, puesto que los placeres de la inteligencia y la sensibilidad deben nacer de un juicio ponderado y sobre todo de una actitud comparativa, basarse como dijo Epicteto en lo que ya se conoce para juzgar lo que se acaba de conocer, pues eso y no otra cosa es la cultura y la sofrosine. De ninguna manera pretendo discutir con ellos y a lo sumo me limito a alejarme unos metros para no escuchar el resto de las comparaciones y los juicios, mientras trato de retener todavía las últimas imágenes del pez fosforescente que flotaba en mitad del escenario, aunque ahora mi recuerdo se ve inevitablemente modificado por las críticas inteligentísimas que acabo de escuchar y no me queda más remedio que admitir la mediocridad de lo que he visto y que sólo me ha entusiasmado porque acepto cualquier cosa que tenga colores y formas un poco diferentes. Recaigo en la conciencia de que soy idiota, de que cualquier cosa basta para alegrarme de la cuadriculada vida, y entonces el recuerdo de lo que he amado y gozado esa noche se enturbia y se vuelve cómplice, la obra de otros idiotas que han estado pescando o bailando mal, con trajes y coreografías mediocres, y casi es un consuelo pero un consuelo siniestro el que seamos tantos los idiotas que esa noche se han dado cita en esa sala para bailar y pescar y aplaudir. Lo peor es que a los dos días abro el diario y leo la crítica del espectáculo, y la crítica coincide casi siempre y hasta con las mismas palabras con o que tan sensata e inteligentemente han visto y dicho mi mujer o mis amigos. Ahora estoy seguro de que no ser idiota es una de las cosas más importantes para la vida de un hombre, hasta que poco a poco me vaya olvidando, porque lo peor es que al final me olvido, por ejemplo acabo de ver un pato que nadaba en uno de los lagos del Bois de Boulogne, y era de una hermosura tan maravillosa que no pude menos que ponerme en cuclillas junto al lago y quedarme no sé cuánto tiempo mirando su hermosura, la alegría petulante de sus ojos, esa doble línea delicada que corta su pecho en el agua del lago y que se va abriendo hasta perderse en la distancia. Mi entusiasmo no nace solamente del pato, es algo que el pato cuaja de golpe, porque a veces puede ser una hoja seca que se balancea en el borde de un banco, o una grúa anaranjada, enormísima y delicada contra el cielo azul de la tarde, o el olor de un vagón de tren cuando uno entra y se tiene un billete para un viaje de tantas horas y todo va a ir sucediendo prodigiosamente, el sándwich de jamón, los botones para encender o apagar la luz (una blanca y otra violeta), la ventilación regulable, todo eso me parece tan hermoso y casi tan imposible que tenerlo ahí a mi alcance me llena de una especie de sauce interior, de una verde lluvia de delicia que no debería terminar más. Pero muchos me han dicho que mi entusiasmo es una prueba de inmadurez (quieren decir que soy idiota, pero eligen las palabras) y que no es posible entusiasmarse así por una tela de araña que brilla al sol, puesto que si uno incurre en semejantes excesos por una tela de araña llena de rocío, ¿qué va a dejar para la noche en que den King Lear? A mí eso me sorprende un poco, porque en realidad el entusiasmo no es una cosa que se gaste cuando uno es realmente idiota, se gasta cuando uno es inteligente y tiene sentido de los valores y de la historicidad de las cosas, y por eso aunque yo corra de un lado a otro del Bois de Boulogne para ver mejor el pato, eso no me impedirá esa misma noche dar enormes saltos de entusiasmo si me gusta como canta Fischer Dieskau. Ahora que lo pienso la idiotez debe ser eso: poder entusiasmarse todo el tiempo por cualquier cosa que a uno le guste, sin que un dibujito en una pared tenga que verse menoscabado por el recuerdo de los frescos de Giotto en Padua. La idiotez debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrita amarilla, ahora me gusta "L'année dernière à Marienbad", ahora me gustas tú, ratita, ahora me gusta esa increíble locomotora bufando en la Gare de Lyon, ahora me gusta ese cartel arrancado y sucio. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez y lo haga buscar presuroso un cigarrillo con manos torpes, mirando al suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un idiota tiene que vivir, claro que hasta otro pato u otro cartel, y así siempre.


- Julio Cortázar.

Me desespera mucho estar enfermo, me desespera en demasía no poder salir. Y mucho más el no poder hablar. Uno no nota lo necesario que es algo hasta que carece de ello y vaya que la voz es bastante necesaria, es bien cierto que de cualquier manera puedo comunicarme a base de señas y mensajes, o de forma escrita tal y cómo ahora, pero dejan un vacío tremendo que la palabra hablada normalmente llena con espontaneidad.



Menos mal que no estuve del todo aburrido, me acompañaron mis videojuegos, mis libros, mi perro, algunas viejas canciones y mi amiga Soledad.



Por fin terminé de leer la biografía del Che, y volví a empezar Rayuela. Vaya que leer a Cortázar me hace darme cuenta de que no está tan mal ser cómo soy.

Wednesday, July 6, 2011
Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.


Copy/Paste no recuerdo de dónde.
Friday, July 1, 2011

Cuando la gente dice que el tiempo lo cura todo, se equivocan. El tiempo simplemente se encarga de soplar la vela de la esperanza. A las madres primerizas se les dice que dejen a los bebés llorar de noche para que aprendan a dormir solos, "Solo una semana y eres libre!". Sí, toma una semana de vil miseria para romper el espíritu, para habituarlo al abandono por parte de esa persona. A lo mejor conmigo tomó mas tiempo, pero el resultado es el mismo.

Sink or swim



Supongo que es una buena alternativa para aquellos que no sabemos nadar.
Thursday, June 16, 2011

Tonterías.

Sé muy bien que probablemente no pienses en mi como pensabas antes, que tal vez nos veas como agua y aceite.

Y también sé que nada de lo que diga ahora podrá cambiar ese hecho. Pero es necesario que sepas que la crema de cacahuate, era solo crema de cacahuate antes de que a alguien se le ocurriera mezclarla con la mermelada.

También estuvo sólo la sal, hasta que alguien descubrió que sabía mejor si agregaban pimienta. Y que sería de la mantequilla sin las rebanadas de pan?
De cualquier manera, el punto es que por mi mismo soy solo algo.

Pero contigo soy algo especial.

Tuesday, May 24, 2011

En pie de guerra.

Hace unos días me encontraba platicando con una amiga acerca de la violencia que se ha dejado ver cada vez mas descaradamente en nuestro país, todo esto a causa de los acontecimientos sucitados el pasado 21 de mayo en el Café Iguana. Estamos claros, yo creo que no soy solo yo, ni mi amiga, ni mis amigos, ni ustedes mis estimados 3 lectores; creo mas bien que somos todos los que ya estamos hartos. Dejando de lado que si vivimos bajo un sistema de gobierno corrupto, la falta de educación, lo incrementos en los impuestos hacia productos de primera necesidad, el crecimiento del desempleo, etc. que son diversos factores por los cuales ya varias personas nos encontramos bastante molestas, creo que lo mas irritante para muchos de nosotros es ese sentimiento de impotencia, al ver como se derrumba todo a nuestro alrededor, y mas que nada ver como se desbaratan nuestras fibras morales, empezando a ver como cosa normal el azote de la violencia indiscriminada. Comentaba a tono de broma, que necesitabamos otro Pancho Villa, otro Emiliano Zapata para armar una revolución. Tal vez mi comentario no haya sido muy acertado, lo que si es bien cierto es que ocupamos una revolución, creo yo que ya estamos mas allá del punto en el que nos podemos sentar a dialogar, a debatir y presentar nuestros argumentos. 'Es mejor ser violento, si hay violencia en nuestros corazones, que colocarnos una capa de no violencia para cubrir la impotencia' dijo Gandhi. Necesitamos una revolución y no me refiero solo a tomar una actitud beligerante, antes que nada necesitamos una revolución social, que la gente se unifique en lugar de tirarle mierda al de al lado y saber que es exactamente lo que se esta atacando, una revolución a favor de la educación nos favoreceria a todos los que ya estamos así como a las generaciones futuras, una revolución a favor de la vida y los principios fundamentales que le sostienen, a final de cuentas una revolución a favor del bien común de todos nosotros como Mexicanos. Creo yo que hay un monton de mentes brillantes allá afuera, gente con bastante talento que tal vez pueda reavivar las brasas de la libertad de este país que ahora a todos nos duele. Que es lo que nos detiene entonces? Pues bien, es el miedo. Sí, somos muchos, pero de nada sirve si 'nos mantenemos al margen', primero que nada tenemos que entender que ya no existe esa línea imaginaria que nos mantenía a 'salvo'. De nada sirve si empezamos a tomar posturas partidistas, a final de cuentas se supone que el Estado esta compuesto de todos nosotros, así que como tal la responsabilidad recae en cada uno de nosotros. Ahora bien, porque tenemos miedo de actuar? Porque ellos tienen las armas y los recursos, verdad? Porque, como me voy a llevar cuchillos a balaceras, no?  Bien creo que ya es tiempo de dejar de lado ese miedo, y empezar a tirar antes de que te tiren, o que vas a esperar a que te toque a ti, o a un ser querido para empezar siquiera a abrir la boca? Es hora de organizarse, de abrir los ojos y alzar las voces y defendernos con lo que hallemos. Tiempo de dejar las marchas e iniciar las maniobras. Quien dijo yo?